Por Carlos Méndez.
En La Victoria hay una especie de anillo alrededor del poder. Del poder político, del poder municipal, del poder de la iglesia, del poder de las juntas de vecinos, del poder de las ONG’s, del poder de los centros de estudio, de los clubes y de todas las organizaciones de base de este pueblo.
Y uno ve como las mismas personas se reciclan en todas estas organizaciones. Y ve como al hacerse una reunión en un club, la mitad de los participantes con voz y voto, son los mismos que dirigen las escuelas;
Y al dirigir una actividad para organizar, digamos, una feria, la mayoría son dirigentes de las organizaciones alrededor de la iglesia. Y los mismos que dirigen clubes internacionales, son los dueños y señores de todas las ONG’s y fundaciones. En todas las actividades está siempre dirigiendo el mismo grupo de personas, con pequeños cambios de una organización a otra.
Pero aunque parezcan defender los intereses de su comunidad, en realidad, defienden los suyos. Unos defienden su liderazgo, que les da aliento y razón de vivir, y otros defienden sus ingresos, porque han hecho del “servicio a la comunidad” su medio de vida.
Aportar en beneficio de la comunidad
Y en esa defensa, cierran el paso, a quienes desean entrar a esos círculos, especialmente a los jóvenes y a los que real, sincera y genuinamente quieren aportar en beneficio de la comunidad.
Y no reparan mientes en recurrir a todo tipo de artimañas y bajezas, porque para defender como fieras sus intereses personales dejan de lado, si es que tienen, principios éticos y morales.
Se han ido desgastando en sus posiciones, y así mismo se han ido desgastando sus ideas; se han quedado detrás de todos los adelantos tecnológicos e ideológicos de los tiempos, y no entienden lo que son derechos de cuarta y quinta generación, por lo que no los pueden promover. Mantienen su comunidad sumida en el atraso, con un nivel de vida y progreso correspondientes mediados del siglo pasado, porque se quedarían atrás si ésta avanza.
Por eso evitan cualquier conflicto, son pusilánimes, no son contestatarios, no reclaman los derechos del pueblo y no toman posiciones firmes en ningún sentido, porque quieren mantenerse “fríos” con todos, a fin de seguir ocupando sus puestos de preeminencias.
Tal como los describiera José Ramón López, a principios del siglo pasado, “cuando el interés de la comunidad le exige más conciencia, sigue la bandera del que más le convenga. Jamás da su verdadera opinión si la tiene. En elecciones se comprometen con todos los aspirantes, reciben dádivas de ellos y les prestan por mitad su gente, y solo se deciden formalmente por uno cuando ven al otro completamente perdido”.
O como lo dijo en una de sus celebradas décimas el popular poeta mocano-santiaguero, Juan Antonio Alix:
Mientras el pleito no se ve
Concluido definitivo
Ni an una coplita escribo;
Pero ai que veo bamboliai,
Pa’ ayudailo a rempujai,
Yo si entre en rifa e chivo.
Su defensa se limita a pedir como dádiva o limosna lo que son derechos de la población, y exhiben como grandes logros personales sus ridículas conquistas.
Hace no muchos años, La Victoria contaba con tres Clubes Sociales y Culturales, e igual cantidad de orquestas. Hoy, no tenemos ni siquiera un grupo de tiznados participando en el carnaval de Villa Mella. Todos los mayores de la Victoria recuerdan cosas que se han perdido en medio de este proceso de regresión constante.
Si la Victoria quiere avanzar, debe ir sustituyendo esos liderazgos rezagados, sostenedores del atraso. No será fácil. Lucharán con uñas y dientes para defender su liderazgo, y probablemente sea el tiempo que se les viene encima quien finalmente logre vencerlos.
Entonces, y solo entonces, la Victoria iniciará su recorrido por el camino del progreso y el desarrollo: Pero hoy La Victoria no tiene dolientes; solo beneficiarios.
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