Por Jarlen Espinosa.
Santo Domingo, RD. – Una vida que culmina, un legado sembrado y expandido en cada uno de tu descendencia, gracias mi abuela querida, por tus consejos y enseñanzas, por demostrarme con el ejemplo que se debe hacer el bien y servir, que se puede ser un buen ser humano sin perder el carácter.
Marina Aquino Alcántara…
“Ley, batuta y Constitución”, decían aquellos que te vieron durante muchos años cuidar del Parque Enriquillo, con tu uniforme de Policía Municipal y tu “macana” en la mano.
Pero esa misma mujer, recta, se encargaba de dar alegría a sus hijos y nietos siempre que podía, los cuidaba siempre.
Esa misma “Ley, batuta y Constitución”, convirtió su hogar en la calle Humanitaria del sector de Villa Francisca en un centro de acogida para hermanos, sobrinos, primos y demás, todo el que venía desde San Juan hacia “La Capital”, ya sea por unos días o para instalarse, contó con la mano amiga y desinteresada de abuela.
Una guerrera que vino del campo con un objetivo claro, echar sus hijos adelante, hijos a los que forjó según sus habilidades, dio cielo abierto a los que entendía podían alzar el vuelo sin problemas, y supervisó hasta el final el vuelo de aquellos a los que, o les vio las alas más cortas o sabía que de vez en cuando podían descender.
Y ahí estaba ella, atenta y dispuesta…
Ay mi abuela querida…
Nos enseñaste que hay que continuar hacia delante sin importar lo dura que fueran las adversidades, no te limitaste a ser la “señora de la macana” en el Parque Enriquillo, estudiaste enfermería y la ejerciste por más de 20 años.
Existe una gran distancia entre la mujer de la macana y la de la jeringuilla en cuanto a oficio laboral se refiere, pero, esa eras tú, una mezcla de cualidades fundidas en una sola persona.
Mujer de carácter fuerte, de manos extendidas y con las puertas del corazón y las de tu hogar abiertas para quien te necesitara.
Gracias por todo lo que hiciste por mi madre…
Gracias por todo lo que hiciste por mí…
Gracias por todo aquello que las palabras no alcanzan a explicar.
A todos los que me han brindado su apoyo, que asistieron al velorio de mi abuela, a los que me llamaron, a los que me escribieron y a los que ni llamaron, ni asistieron por desconocimiento, pero, que tendrían empatía de saber, muchísimas gracias.
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