Por Jesús Féliz.
Santo Domingo, RD. – Para las elecciones de 2020, el PRM logró conectar con importantes segmentos de la población, generando nuevas expectativas bajo la promesa de cambio frente al desgaste natural de los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana y la configuración del escenario político por la salida forzada de esa organización de su presidente y líder Dr. Leonel Fernández.
La combinación de estos factores convirtió al PRM en el partido de gobierno del país desde las elecciones de ese año.
Bajo el discurso de la transparencia y la persecución judicial contra los ex funcionarios del anterior gobierno, mantuvieron a la población dentro de un círculo político, hasta que comenzaron a estallar diversos escándalos de corrupción en el gobierno, con esquemas nunca antes vistos en el país.
Entre estos se mencionan las extradiciones hacia los EE.UU. y condenas de funcionarios vinculados al narcotráfico internacional; las adjudicaciones irregularidades de obras, contratos de compras y alquileres de locales, cobros a empleados públicos para sostener estructuras políticas, y el polémico caso relacionado con SENASA.
Con este último, muchos consideran que el país perdió su capacidad de asombro.
Cinco años han sido más que suficientes, según diversos sectores, para evidenciar la incapacidad, ineptitud e improvisación de los dirigentes de ese partido en la administración pública.
Esto, según estas posturas, se refleja en el deterioro económico, atribuido al inadecuado manejo del presupuesto nacional, la baja inversión de capital en menos 2% del PIB, muy por debajo del 4% histórico anual y el aumento de la deuda pública, en casi 70,000 millones de dólares, equivalente a un 50% aproximadamente, sumado a una disminución en la capacidad de compras de productos básicos de los dominicanos.
A esto se suma al colapso de los servicios públicos: salud, transporte, seguridad ciudadana, electricidad, agua potable y las críticas por la lentitud y calidad en la ejecución de obras de infraestructuras como la extensión de la Línea 2 del Metro hacia Los Alcarrizos, el monorriel de Santiago y la circunvalación de Baní.
Entonces, la pregunta queda abierta: ¿qué celebraron los perremeístas este pasado domingo?
¿El aniversario del partido o la promesa de un cambio que, para muchos, nunca llegó?
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