lunes , mayo 16 2022

Haití aportó las armas de la Guerra Restauradora

Por Roberto Valenzuela.
Santo Domingo. – Haití era la guarida de los combatientes restauradores, cuando escapaban al accedió de las tropas españolas. Allá se reorganizan, recibían las armas de los haitianos y regresaban al país para seguir peleando.

“Habiéndose agotado las municiones, me puse en camino para Haití: en el Trou me vio el general Silvain Salnave; él me ofreció armas y pertrechos que reunía por suscripción entre sus amigos de Cabo Haitiano”. El relato es del general Benito Monción, prócer e iniciador de la Guerra de la Restauración.

“En Cabo Haitiano (la ciudad más importante, después de la capital) fue donde se estableció la fabricación de los primeros cartuchos, y se proveyó de los demás elementos para dicha guerra, como de donde se produjo el segundo Manifiesto que declaraba la guerra a España”. Este recuento es de Casimiro Rodríguez, combatiente y espía al servicio de la revolución y hermano del general y patriota Santiago (Chago) Rodríguez. Este último era un hacendado de la Línea Noroeste.

Él (Casimiro) explica que su hermano Chago tuvo que huir con su familia y establecerse en Haití, donde, junto a otros patriotas (Monción, Pedro Antonio Pimentel, José Cabrera), se recomponen para que la Guerra Restauradora entre en su etapa final.

Fue en Haití donde se confeccionaron las banderas que el 16 de agosto de 1863 se enarbolan en Capotillo dominicano, formalizando el inicio de la guerra. Así se restableció la Segunda República, pues República Dominicana había sido convertida en una colonia española en 1861, bajo el liderazgo del general Pedro Santana. Fuente: Revista Clío (2013)-Academia Dominicana de la Historia.

En combate

Al alba del 3 de septiembre de 1863 la soldadesca española de Santiago de los Caballeros se encontraba en la fortaleza San Luis, recibiendo la furia de los cañones nacionalistas ubicados en el Castillo.

En San Luis había una mujer dominicana cocinándoles a los españoles, pero tenía un hijo peleando en la revolución. Un arrogante soldado español humillaba la cocinera porque le hirvió un huevo sin sal. En eso una bala se llevó la cocina y el fogón.

La mujer orgullosa de su causa, vengándose del racista español le dijo: – ¿No quería usted sal?, ahí le mandan una poquita.

 

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